Experiencia Hna. Inmaculada

  • PDF

testimonioMe han pedido que os cuente un poquito de mi experiencia vocacional, comenzaré presentándome: Me llamo Inmaculada Martínez Martínez, nací en Madrid, el 22 de abril de 1971 en el seno de una familia cristiana.


Soy la segunda de seis hermanos (dos hombres y cuatro mujeres). Antes de que mi hermano Santiago (el mayor) y yo recibiéramos la primera comunión, mis padres comenzaron el camino neocatecumenal y cuando tuvimos edad suficiente todos hicimos las catequesis para comenzar a caminar en una comunidad.

Cuando, con 19 años, comencé a trabajar y a tener relación con personas que “vivían de otra manera” pude comprobar que cuando uno no tiene experiencia de la presencia del Dios Vivo en su propia vida, la fe se acerca mucho a ser “teórica” por lo que, cualquier tentación bien adornada... el caso es que dejé la Iglesia a los 24 años y hasta los 30 no volví a caminar en una comunidad.

A los 33 tenía una vida humanamente envidiable: buen trabajo, coche, sin cargas familiares... y sentía que nada tenía sentido. Vivía para trabajar, para ganar dinero, para gastarlo. Entonces comencé a pedir al Señor que me mostrase cual era su voluntad y cuando comencé a no poner impedimentos, Él se fue manifestando.

La primera vez que vine al monasterio fue para ver porqué cada vez que alguien me lo insinuaba yo decía instintivamente que no.  ¿De qué me estaba defendiendo? Estuve 5 días en la hospedería en julio de 2004 y me marché con la seguridad de que el monasterio no es “Alcatraz” y con la sensación de irme de mi casa.

El Señor fue seduciéndome y facilitando las cosas a un ritmo que a veces me producía vértigo y sin duda temor. Vine a hacer una experiencia del 15 de enero al 14 de febrero de 2005. La verdad es que vine para “descartar”, para quedarme tranquila sabiendo que esto no era lo mío. Antes de volver a mi casa supe que el Señor me llamaba a vivir en esta comunidad. Volví a Móstoles, dejé el trabajo, vendí el coche, arreglé los “asuntos pendientes” e ingresé el 10 de julio del mismo año.

En este momento soy profesa temporal y durante el tiempo que llevo viviendo aquí he podido comenzar a conocerme, a tomar en las manos mi debilidad y mis pobrezas y a intuir la grandeza del inmenso amor que Dios tiene a todos sus hijos. Ahora, de mi corazón sólo puede salir agradecimiento por todo lo que mi Señor hace, pues cada día soy testigo de sus milagros, de las maravillas que realiza en su incesante derroche de amor.

Quiero terminar orando por ti, que estas leyendo mi  pobre testimonio. Qué el Señor abra tus ojos y te conceda su luz para ver. Qué te muestre cual es su voluntad para ti y té de la fuerza de su  Santo Espíritu. Yo hoy te asegura que no hay lugar mejor para vivir que el corazón del Padre, siendo consagrada, casada, o lo que Él quiera ¿qué más da?.

ESTAS AQUI: Inicio

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares. saber más... Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. .

Acepto su politica de cookies.