Camino del silencio

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Mi nombre es Sandra, tengo 31 años, soy la segunda de tres hermanos. Uno de los factores de mi vocación ha sido mi familia y, otro, pertenecer al Camino Neocatecumenal, al cual entre a los 18 años.

A esta edad, cuando entre al Camino me encontraba llena de muchos proyectos y apegos a cosas que no daban sentido a mi vida, pero en medio de todo esto escuche de unos catequistas que Dios a mi me amaba como era, y este anuncio fue construyendo mi vida.

 

En el 2006 en un encuentro de jóvenes con los iniciadores del Camino, pude sentir la presencia viva de la Iglesia al ver tantos Obispos, catequistas, y sacerdotes juntos, desde allí sentí que el Señor quería algo serio conmigo, también sobre todo gracias a experiencias personales con Jesucristo que me han hecho perseverar en su Iglesia. Desde ese momento llegaron muchas inquietudes a mi vida que me mostraban otros caminos, pero a través de la vida de Abraham el Señor me daba ánimo y me invitaba a seguirlo y así pude defender mi vocación.

Hoy tengo un año y dos meses en el monasterio y he visto la gracia del Señor, que cada día me invita a ser libre para servirle solo a Él, en medio de mis afectos y debilidades, pero ante todo esto Cristo Resucitado me sostiene al verme tan débil.

Poco a poco, voy comprobando lo bonito y valioso que es este llamado, comprobándolo en cada hermana del monasterio, que sirven al único  Pastor, como dice su Santidad el Papa Benedicto XVI, “En su encarnación y en su Cruz conduce a la oveja perdida -humanidad- a casa, y me lleva también a mí” Jesús de Nazaret Pág. 33.

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